sábado, 1 de marzo de 2008

No imaginas cómo he gritado tu nombre en silencio, cuánto anhelo que florezcas nuevamente mientras me cobijo en esta ausencia. Esta soledad sólo me lleva a ti, vida. Soy un cuerpo lleno de temores jugando a ser humana, hasta la tristeza se ha liberado en mí y cabalga a sus anchas en mi alma, acrecentando mi necesidad de llorarte, inundándome de un miedo aterrador, punzante. Tengo miedo de volver a sentir, de perderte, de cambiar.

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