¿Y tus brazos? ¿Cuándo desintegró el tiempo implacable tus brazos? ¿Dónde anida el poder de transmutar lo fugaz en duradero? ¿Qué hago ahora con todos estos momentos?
Caminar despacio, sólo me queda eso. Nadie me dice: “¡Espera!, yo conozco el nudo de tu tristeza”.
viernes, 1 de febrero de 2008
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