domingo, 27 de enero de 2008

Descalzo a mi memoria por no llamarte, por no destruírte; eres tan fuerte que me enjaulas, tan irresistible que propicias mis sueños, tan hondo que me entristeces y me vuelves sin sentido. Tan dubitativo, que nada de lo que nos ocurre a lo largo del tiempo presagia ningún goce. Sólo penas, sólo muerte, sólo nada.

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